CRISTINA 2011

CRISTINA 2011
Menos mal que Macri tiene a la "señora de enfrente" que arregla todos los kilombos y lucha por todos los argentinos

miércoles, 17 de agosto de 2011

Con algunos, ni tres pasos




Por José Pablo Feinmann

Los de Cristina Kirchner y los de la derecha mediática son dos proyectos diferenciados y antagónicos que hoy se expresan, no sólo en nuestro país, sino en el drama (cercano al desastre o a la implosión de todo un sistema) que sacude al mundo. La economía liberal consagrada desde el Consenso de Washington ha arrastrado al capitalismo a la peor de sus crisis. Poco bueno se puede esperar de cualquiera de las resoluciones que ese acontecimiento histórico termine por expresar. No es casual que hasta el momento América latina, y muy especialmente nuestro país, se haya encontrado poco afectado por ella. Argentina –sencillamente– no está dentro de la economía neoliberal ni dentro del proyecto político que el capitalismo del tercer milenio sigue –casi de un modo suicida– impulsando. El proyecto neoliberal implica la hegemonía de un capitalismo financiero y especulativo que se realiza al margen de la producción. Según he leído, el eminente Eric Hobsbwaum ha declarado que la solución de los problemas actuales del capitalismo está en Marx. No creo que esté demasiado lejos de la verdad o de un valioso puñado de ellas. Pero son muchos los que saben que El Capital inicia su poderoso despliegue con un análisis de la mercancía, que su capítulo inicial lleva por título Mercancía y dinero y se abre con la siguiente frase: “La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un ‘enorme cúmulo de mercancías’, y la mercancía individual como la forma más elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía”. ¿Qué significa esto? Que el capitalismo que Marx analizó en el siglo XIX era un sistema productivo. Todo sistema productivo requiere un mercado de consumo. La antigua burguesía ganaba su dinero produciendo mercancías y, para hacerlo, requería fuerza de trabajo. Esa fuerza de trabajo –que eran los obreros– encontraba una inclusión en el sistema porque era a la vez una fuerza consumidora, junto a todos los otros sectores de la sociedad. Las clases medias ligadas a los estamentos de servicios, por ejemplo. No a los de la producción directa. Como fuere, el antiguo capitalismo generaba trabajo, pues su centro era la fabricación de mercancías. La dialéctica entre la producción y el consumo requería de ambos polos. No había producción sin consumo ni consumo sin producción. Este capitalismo (a partir, sobre todo, de la derrota de la Unión Soviética) fue reemplazado por un capitalismo financiero y especulativo, que, lejos de generar inclusión y puestos de trabajo, genera marginalidad y exclusión. En menos de veinte años está al borde del abismo. Los territorios de experimentación del Consenso de Washington fueron los países de América latina. Acaso Argentina haya sido el conejito de Indias privilegiado en que los diez puntos creados por el economista John Williamson y llevados adelante por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como entes hegemónicos se aplicaron fervorosamente. Ese fervor se llamó menemismo. El gobierno de Carlos Saúl Menem y sus socios del capitalismo financiero y agrario cumplieron el esquema de los diez puntos del Consenso y devastaron el país, enriqueciéndose ellos en uno de los bandalajes más grandes de nuestra historia. El país –así destrozado– llegó a las crisis de 2001 y 2002. De esas crisis (que son un precedente de la que ahora conmueve a los países del Primer Mundo) salimos por medio de un esquema económico completamente alternativo. Fue el que aplicó el llamado “kirchnerismo”. Una mezcla de Keynes, el primer Perón y el populismo de izquierda latinoamericano. Ante todo, la recuperación de la política por medio de la recuperación del Estado. Desde Martínez de Hoz se dijo en la Argentina que achicar el Estado era agrandar la Nación. No es casual: el poder que hoy se empeña en retornar al capitalismo de la primacía de la economía, del “libre” mercado y de la primacía del capitalismo, no de la producción, sino de la especulación financiera y de la destrucción del Estado, es hijo dilecto de Martínez de Hoz y de los militares del golpe del ’76, de aquí que tanto los defiendan o que tanto los enfurezca que se los juzgue y acusen al Gobierno que lo hace de pertenecer a cierta remota organización armada de los años ’70.

A partir de 2003 la recuperación de la economía argentina es palpable y evidente. Lo saben aun los que odian a este gobierno, pero también saben que la están pasando bien, hasta diría demasiado bien. Autos cero cambiados cada dos años, restaurantes colmados, vacaciones, ropa, casas nuevas, etc. Por otra parte, el panorama de algo llamado “oposición” es tan desteñido que ha terminado casi por evaporarse. Sin embargo, la oposición no es la oposición. La verdadera oposición son los medios. El poder mediático en manos de las más grandes corporaciones que se han beneficiado y se beneficiarán aún más con un retorno a los viejos tiempos no tan viejos: apenas los benditos noventa. ¿Por qué la crisis mundial no ha afectado aún (y acaso lo haga, pero en una medida irrelevante) a la Argentina? Porque Argentina no participa de ese sistema económico. La economía política argentina (con lo que quiero decir: no hay economía sin un proyecto político detrás) se basa en la recuperación del Estado, en un intento de distribución del ingreso (que choca con enormes resistencias: recordar los días negros del conflicto con el “campo” en que todos, pero todos, desde la derecha hasta la izquierda, se unieron contra el Gobierno para defender un 3 por ciento de las ganancias millonarias de los dueños de la tierra), lucha contra los monopolios mediáticos en un intento inédito en este país de, por decirlo así, deconstruirlos y llevarlos a una competencia leal e igualitaria dentro del mercado (y lograr que éste sea realmente “libre”), sensibilidad ante los sectores populares y la lucha contra la pobreza, política abierta y valiente por los derechos humanos, juicio a los criminales de la dictadura, respeto y apoyo a las Madres y a las Abuelas (si ningún represor fue víctima de alguna venganza individual fue por la lucha de esas heroínas que nos distinguen ante el mundo y que jamás pidieron venganza sino justicia) y varias cosas más que llevan a dibujar una clara identidad de populismo de izquierda, la expresión política latinoamericana más avanzada en la lucha contra los poderes imperiales que en este momento puede librarse. Esto siempre será excesivo para la derecha y escaso para la izquierda. No importa. Es bueno y alentador que la izquierda haya superado el 1,5 por ciento, porque eso la alejará de las tentaciones de otras vías que no sean las de la participación dentro de la lucha democrática.

Aunque algunos lo digan, no termino de convencerme acerca de la inteligencia del electorado de Buenos Aires. Que sería así: votar a Macri para contener el poder omnímodo de Cristina Kirchner. Macri ya gobernó cuatro años y no contuvo nada. ¿Por qué habría de hacerlo ahora? No lo hará. No es un político. No tiene un partido ni gente capaz. Hará otra triste experiencia. Y si lo votaron desde el antiperonismo, se equivocan. El cristinismo es una experiencia nueva en el país. Sus raíces están en el peronismo, pero no diría lo mismo de su futuro. No es que lo desee. Sólo creo que será así. Cristina K irá en busca de un gobierno de unidad nacional, moderno, nuevo, sin bloqueos partidarios. Ahora bien, en la “unidad nacional” no entran todos. Porque, si así fuera, esa “unidad nacional” sería la noche en que todos los gatos son pardos. No, los canallas afuera. Esta determinación deberá ser ampliamente consensuada, jamás unilateral, pero existen en el país muchos que no lo quieren ni desean su triunfo, sino el propio, el de sus intereses, el de sus finanzas y para ello acuden a cualquier cosa. Sobre todo, a la mentira y a la injuria. Con todos, sí. Pero con ellos, no. Esa consigna que circula por ahí (“Con Videla o contra Videla, pero todos juntos”) es, para mí, un insulto. Y para muchos argentinos. Por fortuna, para la mayoría. Uno, si no es claramente un hijo de puta, no camina ni tres pasos con un tipo que está con Videla.

lunes, 25 de julio de 2011

Macri, el kirchnerismo y la ideología



Ver nota en http://www.pagina12.com/
Por Amílcar Salas Oroño *

I. Una elección es, también, un registro específico de cómo determinadas ideas políticas atraviesan las diferentes capas y segmentos de una sociedad. De cómo ciertos puntos de vista y discursos partidarios decantan hacia abajo, y a la inversa. La representación política tiene eso, momentos ascendentes y descendentes: el “intercambio” de significados entre representantes y representados. Pero es importante tener en cuenta que esta secuencia de sentidos no ocurre en el vacío: hay un mapa existencial de la estructura económica que prefigura los marcos de las disputas. Los resultados de la última elección en la ciudad de Buenos Aires deben también ser revisados en esta clave.

II. El crecimiento económico de los últimos años ha modificado sustantivamente la fisonomía de la ciudad de Buenos Aires. Está claro que no en el plano de lo público, aquello que es potestad del Gobierno de la Ciudad: allí el desmejoramiento ha sido verificable como consecuencia, principalmente, de las distribuciones presupuestarias realizadas por la gestión del propio Macri en áreas sensibles de la convivencia común. El cambio más evidente se ha dado en una dimensión íntima, privada, particular. El ciclo económico nacional ha recompuesto, desde los diferentes resortes complementarios de la dinámica económica, la posibilidad de una (nueva) autopercepción individual: la de que el progreso personal no es una quimera estacionada en el pasado histórico. Es en ese sentido que estos años de kirchnerismo se nos presentan como una superación al encierro de expectativas sociales característico del neoliberalismo: los proyectos de realización individual y las expectativas de “movilidad social” han encontrado este tiempo histórico para relanzarse, para volver a pensarse como parte de la propia existencia (incluso combinándose con otros reconocimientos, por ejemplo, el matrimonio igualitario). Se trata de un fenómeno federal, lo que no quiere decir que sea homogéneo ni universal, ni que este reparador optimismo social se presente de manera similar en todas las provincias ni para todos. Son cambios que también se verifican en otros países latinoamericanos, producto de una combinación heterodoxa de, por un lado, un rol más activo del Estado en la regulación económica y, por el otro, la ampliación del mercado y del consumo; extensión paralela y continua de Estado y mercado al mismo tiempo, generando un nuevo ciclo de las expectativas personales.

III. Este cambio subjetivo –recostado sobre cambios objetivos– presenta en la ciudad de Buenos Aires características particulares. Automóviles, gastronomía, equipamientos domésticos, inclusión en general. El consumo situó en estos años la idiosincrasia de la Ciudad en otra dimensión, bien lejos de la recesión económica de hace una década y con otra imagen; aquellos agregados colectivos originales o el clima político de diciembre del 2001 se transformaron: ahora hay faltantes de... ¡blackberry! Lo que se dio en la ciudad de Buenos Aires, con el consumo como vector de la integración, fue una (re)socialización desde el mercado, a diferencia de otras regiones y provincias del país donde el Estado tuvo un protagonismo más quirúrgico y determinante, estructurador de las identidades poscrisis. Es precisamente esta situación la que está detrás de la última elección: a fin de cuentas, el PRO es básicamente eso, una ideología del mercado, del consumo; su compaginación con el contexto fue virtuosa. Su discurso gira en círculo sobre unos pocos elementos: la imagen del confort, la negación de la condición social del ciudadano y una estética del entretenimiento. No hay ética de la solidaridad, no hay tradiciones políticas, no hay patrimonio histórico a compartir, entre tantas otras cosas. Pero es precisamente por ser una ideología del mercado que el PRO ha realizado una excelente elección en general; en ese sentido, se trata de una fuerza política contemporánea a la época en la que se sitúa. El PRO elabora su discurso tomando como punto de partida ese mismo imaginario renovado del progreso personal a partir del consumo, sin retocarlo: se asienta sobre una percepción real, la metaboliza y ofrece un destino electoral compatible con la misma.

IV. Dado el contexto, el kirchnerismo no hizo una mala elección. El problema es que se enfrentó a una fuerza política con una determinada ideología para la Ciudad, con una determinada ideología para esta etapa histórica de la Ciudad. Por circunstancias múltiples y entrecruzadas, que van desde el vértigo de la agenda política del gobierno nacional hasta el contradictorio y sinuoso legado del progresismo de raíz antimenemista, el kirchnerismo nunca logró componer una ideología propia para la Ciudad, es decir, no identificó aquel punto de vista transformador –propio de su identidad como proyecto político– en la clave de la dialéctica social porteña. Esto hubiera supuesto, en primer lugar, estructurar un vínculo representativo desde hace varios años, con un mando de acción organizado y, en segundo lugar, registrar, analizar y elaborar esta época de la Ciudad. Un trabajo de mediano plazo que no se resuelve simplemente con “escupir al gorila”; tampoco lo resuelven únicamente el “periodismo militante” y el twitteo maratónico. Componer una ideología alternativa a la mera expresión del mercado, un programa que agregue la dimensión de la politicidad, del Estado, precisamente aquello que es la originalidad del kirchnerismo y de los otros gobiernos latinoamericanos. Que coloque a la (re)socialización desde el mercado en otro nivel, con otra mezcla cultural y diseños institucionales, y que la desplace de su funcionalidad afín a los sectores dominantes. Una combinación política contemporánea e híbrida en ideas y actores, que no implica obligatoriamente insistir en lo que se ha venido denominando progresismo.

V. Ni el “asco” ni la desafección política suprimen la tarea para el kirchnerismo de realizar una fotosíntesis ideológica en la ciudad de Buenos Aires. Su representación política lo espera. Una ideología que enmarque y potencie a la voluntad política, esa misma que, aún bajo estas circunstancias, llegó a un tercio del electorado. Siempre hay espacio para reorganizar estratégicamente las ideas; como nos apuntalan nuestras mejores tradiciones: la única lucha que se pierde es la que se abandona.

* Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IealcUBA).

viernes, 22 de julio de 2011

sábado, 16 de julio de 2011

Mientras nuestra presidenta trabaja junto a su pueblo por el presente y piensa el futuro, Macri...

      

El caballero Macri

Por Sandra Russo

Aunque esté actuando, aunque sólo forme parte de una estrategia electoral, qué genial sería extraerle algunos gestos a la foto de Mauricio Macri de hoy, para incluirlos en la película de lo que resta de este año. La amabilidad, la cortesía, la voluntad de cooperación. O quizá ni siquiera tanto. Con el respeto institucional, o qué digo, al menos con el respeto por el electorado –un sentimiento republicano que descubren él y los grandes medios recién ahora, cuando hablan del electorado “normal”, el propio–, alcanzaría.

Los contundentes casi veinte puntos de ventaja, que si no se pueden revertir, como machacan incansablemente técnicos y políticos, lo dejarán instalado cuatro años más en el gobierno de Buenos Aires, han hecho de Macri una seda. Se lo ve mucho más compuesto y expositor de su ánimo no confrontativo en relación con “esta señora de acá enfrente”. Teniendo en cuenta que un porcentaje importante de los porteños votó o votará a CFK, que Macri actúe a partir de ahora con un espíritu de colaboración y no de choque constante sería un alivio para muchos y mejoraría la calidad de vida en la ciudad, donde lo que se ha polarizado es la base, la calle, el clima general.

Un día después de que Macri le twitteara a la Presidenta su congratulación por el nieto en camino, una prueba más en pocas horas de su voluntad conciliadora y caballeresca, fue la inauguración de Tecnópolis en Villa Martelli. De esa muestra fueron privados los porteños el año pasado porque el jefe de Gobierno no quiso cortar un fin de semana la avenida Figueroa Alcorta. Ese fin de semana él se casaba, y además ahí se afirmó como el señor del territorio. La cosa pasó en los grandes medios sin pena ni gloria, como tantas otras que se taparon o directamente se pergeñaron entre el gobierno porteño y el Grupo Clarín, ya convertido en el exclusivo proveedor de wifi y las netbooks más caras del mercado en las escuelas públicas porteñas.

Las urnas le han dado la razón al asesor Durán Barba, quizás el verdadero dueño de la victoria del PRO. La lluvia no fue sólo de globos, fue de votos, y parece confirmar su teoría de que al “elector medio” le preocupa más si deja embarazada a su novia que si la Argentina paga su deuda externa.

Es verdad que hay que hacer cierto camino mental para advertir que de cómo le vaya a uno con sus noviazgos, con sus embarazos, con su potencia y su frustración personal, depende en buena parte del país en el que vive y de su política. “Lo personal es político”, gritaban las esclarecidas feministas del siglo pasado, ya avivadas de que nuestra intimidad más honda y nuestras vivencias individuales, sentimentales o familiares están atravesadas por discursos de poder. Pero a los candidatos asesorados les va mejor cuando la gente no anda pensando tanto.

Ya que Macri quería hablar de sexo en la campaña, podría uno hasta preguntarse qué fue de la potencia sexual de los desocupados de los ’90, o qué estará pasando ahora con la energía sexual de los ciudadanos griegos, que nos recuerdan a nosotros mismos en la pesadilla del corralito. Vaya si se puede hablar del neoliberalismo y su ataque a la felicidad de las grandes mayorías. Pero estos razonamientos son demasiado rebuscados, diría Durán Barba, con los resultados de la primera vuelta ya en la mano: la mayoría de los porteños no se hacen estas preguntas ni son alentados a hacérselas, porque a nadie en los grandes medios se le ocurriría alentarlos para que lo hicieran. Esas preguntas nunca formarán parte de sus agendas.

No obstante, si el tono conciliador de Macri fuera algo más que una pose, todos lo disfrutaríamos y hasta podríamos cambiar nuestra imagen de él. Si ese nuevo Macri ganador estuviera de verdad dispuesto a gobernar para los que lo votaron y los que no, como se presume que hace un buen gobernante, por qué no abrirse a una nueva etapa en la que la ciudad y la nación pudieran llevar adelante sus proyectos y acuerdos, como sucede con todas las jurisdicciones del país. Podríamos reenfocarlo y creer, por ejemplo, que aquella prohibición para que Tecnópolis fuera instalada dos días en el centro porteño fue un error que no se repetiría. Después de todo, Macri privó a propios y a ajenos de un disfrute popular que hubiese podido compartir hasta en un palco, y lo que exhibe la megamuestra es el progreso argentino en materia tecnológica y científica, algo que excede cualquier interés partidario. ¿Por qué no asociarse en eso? Lastima el sentido común que el jefe de Gobierno de una ciudad no esté interesado en que los ciudadanos accedan a los avances que hay en su propio país, a las posibilidades y las concreciones que tienen lugar en el país al que pertenece esa ciudad.

Uno sin embargo no puede ver en el gesto más que máscara. Legisladores de Mauricio Macri recibieron directivas para frenar en el Concejo Deliberante de Vicente López la habilitación de Tecnópolis, y obligaron al intendente radical Enrique “Japonés” García a permitirlo por decreto. Es decir: intentaron hasta último momento boicotear la exposición.

Donde empiezan los hechos terminan las palabras. Incluso las palabras sin contenido, las palabras sin raíz y sobre todo, las palabras de burda circunstancia.

miércoles, 6 de julio de 2011

Este domingo asistimos al fin de un oscuro y triste período


Compañeros y amigos este domingo cuando votemos por los candidatos de la lista 604 sepamos que no solo votamos para sacar a Mauricio Macri del sillón metropolitano de jefe de gobierno, sino que vamos asistir al fin de un oscuro y triste período, donde la Ciudad de Buenos Aires le dio sistemáticamente la espalda al país y al continente americano.


El domingo vamos a ir a votar por una de las mejores listas que se hayan presentado en la historia de la Ciudad de Buenos Aires.

Daniel Filmus, Carlos Tomada y Juan Cabandie nos permiten poder asistir a los comicios sin esa pesada carga que significaban la elecciones durante los 90, donde se iba a votar apesadumbradamente sabiendo que nada cambiaria y que finalmente solo podíamos elegir por el "mal menor", que en definitiva, es no elegir nada.

Sabemos por las encuestas que estamos en el ballotage, entonces redoblemos esfuerzos para convencer, para contar, para dialogar, para acercarnos y compartir las nuevas ideas que se están desarrollando en el país como ejemplo de los que falta en la Ciudad.

Amigos, el Domingo, vayamos a votar con alegría y festejando, que se sienta el clamor y el palpito que los vecinos de Buenos Aires están decididos a cambiar este derrotero de infamia y desidia.

Este domingo votemos con el espíritu de los hombres y mujeres de mayo, llenos de patriotismos, con gana de ver esta hermosa ciudad a la altura de los cambios que se están haciendo.

Este domingo debemos ganar las calles de la Ciudad de Buenos Aires, escuela por escuela, con el esfuerzo del primer militante hasta el último fiscal, acompañando nuestros vecinos y nuestras familias.

Como dice la marchita ¡todos unidos triunfaremos! ¡Vamos que llegamos!¡Viva la Patria!

viernes, 24 de junio de 2011

"Somos nosotros"


Hoy es un día muy doloroso para nosotros, como jovenes, como militantes, como irrestrictos defensores de la vida.
Nunca nos faltan las palabras, ni la fuerza. Pero hoy nos toca despedir a un compañero, uno de esos heroes anónimos, uno de esos militantes de fierro, de los más fieles... un pibe de barrio.
Fernando "Chicho" Benítez militaba en la Comuna 11, donde vivió toda su vida y con los años pudo abrir un kiosko. Anoche, por querer frenar una pelea callejera, lo apuñalaron y huyeron, como hacen siempre los cobardes.
Pero nosotros queremos recordarlo a él, como un ejemplo para todos. Queremos recordarlo por su solidaridad y por su sello distintivo; emanaba alegría por todos los rincones por donde pasaba. Su bandera era su sonrisa.
Y esa sonrisa no era casual, porque era plenamente conciente del proceso polìtico que vivimos, el cual cambió su propia vida. Pero como todo buen militante de las causas populares, con eso no le alcanzaba.
Chicho decía que solo tenía un sueño; que no haya ningún pibe viviendo en la calle. Te elegiste un sueño eh...
Por eso sabemos que no tiene odio contra quienes le hicieron esto. Porque él se recorría día y noche todas las esquinas y plazas del barrio donde viven otros jovenes en condiciones de marginalidad. Y al volver siempre decía: "A esos guachines hay que darles una esperanza y ¿sabes como se enganchan?". Esa misma indignación y tristeza por las injusticias fueron las que lo motivaron a sumarse a La Cámpora. Y fue esa misma alegría que le dio la militancia y un proyecto colectivo lo que le daba fuerzas cada día para luchar a sabiendas de que no se rendiría hasta dar todo por cumplir aquel sueño. Amaba profundamente la vida y se notaba.
Por eso, pese al dolor, su familia quiere despedirlo en el lugar en el que Chicho era más feliz. Ese lugar es donde él convocaba a otros pibes para inscribirse al programa de Empleo Joven. Ese lugar pasó a ser en muy poco tiempo su segundo hogar, la unidad basica del barrio de Paternal.
Chicho nos deja una frase que repetía constantemente y nosotros hacíamos eco: "Somos nosotros". A cada compañero que se sumaba, le explicaba que esa frase sintetizaba el orgullo y la alegria de ser lo que somos como parte de este proyecto.
Acá seguirás con tu sonrisa maradoniana siempre a cuestas, bailando al compas de los bombos y cantandole a Néstor mirando al cielo. Acá seguiras, entre nosotros y en el recuerdo vivo de aquellos que nunca mueren.
Y acá seguiremos nosotros recordándote como mereces; militando para que no haya más injusticias ni pibes con hambre. Quedate tranquilo Chicho, Somos nosotros.

jueves, 16 de junio de 2011

El Grupo FUEYES de La Cámpora ya tiene Unidad Básica en la COMUNA1

                                              
En Carlos Calvo 1641se levanta este verdadero fortín para defender el Proyecto Nacional y Popular que capitanea nuestra querida compañera Cristina Fernández de Kirchner, continuando el ejemplo militante y combativo del inolvidable Néstor Kirchner y de todos los mártires y héroes del pueblo peronista.
Desde La Cámpora. Constitución (COMUNA1) nos sumamos a esta red de espacios de participación y organización popular aportando nuestra militancia barrial y estudiantil. Estableciendo un compromiso con la sociedad y los problemas de la Ciudad de Buenos Aires.
Así, avanza desde los cimientos esta idea de entablar una relación mutua y compartida entre las universidades y el pueblo. Una relación tal vez olvidada por las burocracias académicas, ninguneada por los políticos tradicionales y bastardeada por las corporaciones multimediaticas de la información, pero revalorada e impulsada desde el 2003 por Néstor y Cristina.
¡Vaya nuestro saludo e invitación a todos los compañeros estudiantes, graduados y vecinos del barrio que se acercan a este nuevo espacio de La Cámpora para continuar el proceso de reconstrucción nacional que lleva adelante Cristina, y que vamos a votar su continuidad en este 2011 junto a nuestros candidatos por la Ciudad de Buenos Aires!

                      
                         Constitución (C.1)
U.B. J.W.Cooke.     
Centro de Graduados de CS. Sociales.

 *Un par de imagenes...

*El fotógrafo no se hace responsable por el daño o la impresión que causen la imagen de estos sujetos.
                                  Grupo FUEYES