jueves, 15 de marzo de 2012
lunes, 5 de marzo de 2012
Habló el asesino y sigue sin entender nada

viernes, 2 de marzo de 2012
viernes, 10 de febrero de 2012
Otro Flaco
“Quiero terminar recordando a alguien que se nos fue, otro Flaco, que para mí tiene connotaciones, como para todos los de mi edad, muy especiales. Anoche estábamos trabajando con algunos funcionarios en Olivos cuando nos dijeron ‘murió El Flaco Spinetta’. Lo primero que me vino a la cabeza fue la tapa del disco de Almendra, que era un arlequín...la que salió hoy en Página/12, casi me pongo a llorar cuando la veo hoy a la mañana... Me acordaba de ese vinilo, me hicieron acordar de la lágrima, yo no me acordaba, con la flecha esa de goma, hasta los colores me acordaba. Sé que la canción icono era ‘Muchacha ojos de papel’, que nos hizo soñar y ser románticos a todos y a todas, y que todavía me hace soñar, pero yo me acordaba de otra que es menos conocida, que es ‘Fermín’ y está en el LP. Sí, en el LP, le decíamos LP, la verdad, para qué voy a andar disimulando. Aparte El Flaco tenía la misma edad de mi flaco. ¿Del ’50, no, era El Flaco? Y me acordaba de cuando vino acá a dar recitales en el Salón Blanco (que tenemos que retomar, Parrilli..., tenemos que retomar los recitales del primer viernes de cada mes en el Salón Blanco, por favor, lo vamos a hacer). Y Néstor me acuerdo que lo agarró al Flaco Spinetta y lo sentó en el sillón del presidente. El tenía esa costumbre, le encantaba. La gente no quería, primero, y él los agarraba y les decía ‘vení sentate. Se sentó cada uno acá, por qué no te vas a poder sentar vos. Porque más importante que un presidente es cualquier argentino’. La verdad que, más allá de los sufrimientos particulares, hoy se nos fue un cacho de juventud. Almendra y él, que era un poeta, fue el símbolo de toda una generación, como lo fueron Charly y Nito Mestre con Sui Generis, y como fue Vox Dei. La verdad que ayer cuando me dijeron que se había ido, yo dije: ‘La gente como él no se muere. La gente como él se va’ (aplausos). Cuando alguien puede dejar testimonio de lo que hizo en su paso por la vida... al Flaco Spinetta lo vamos a recordar siempre cuando cantemos ‘Muchacha ojos de papel’, el Loco Fermín o el de la Soledad (...) Chau Flaco, ya nos vamos a ver seguramente. En algún momento”.
jueves, 9 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
martes, 31 de enero de 2012
viernes, 27 de enero de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
martes, 24 de enero de 2012
La inquisición en la Historia
Por Hugo Chumbita *
Uno de los grandes diarios de la Argentina, antaño rector de la opinión pública, se ha empeñado en impugnar la creación del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, y sus páginas rezuman día a día insólitas ocurrencias para descalificar la iniciativa. Aunque no soy precisamente un lector habitual de La Nación, siendo miembro del aludido Instituto no tengo más remedio que ver qué nos dicen. Tengo la impresión de que la antigua tribuna del mitrismo nos está haciendo un favor. Tal como en el caso de la llamada “crisis del campo” o en la cuestión de la ley de servicios audiovisuales, la alineación de los grupos de interés, los partidos y los opinólogos sirven de indicadores para clarificar el fondo de la cuestión. Los esfuerzos de este medio de prensa confirman que estamos en el buen camino.
Uno de sus articulistas, abogado, docente de la UBA, esgrime ahora nada menos que el Pacto de San José de Costa Rica y sugiere la amenaza de acudir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para frenar el horrendo atentado a la pluralidad del pensamiento que implica el decreto presidencial que creó el Instituto. No deja de ser interesante que desde la prensa argentina se abra el paraguas en prevención de que una nueva Inquisición vaya a someter al potro de torturas a Luis Alberto Romero o a Halperín Donghi para hacerles escribir “Viva la Mazorca” o algo por el estilo.
Esto significa que avanzamos en el terreno de los derechos humanos. A mí me tuvieron preso tres años, sin proceso legal, por órdenes de un coronel de triste memoria y del actual extraditado Baraldini, con la imputación, por ejemplo, de haber incluido en la bibliografía de mi materia de Historia un texto de Arturo Jauretche. Ahora sé que si hubiera alguna posibilidad de que se reeditaran esas prácticas tendría quien me defendiera en las columnas de La Nación.
Lo bueno de estos últimos años de gobierno democrático es que el discurso autoritario se torna inviable, y el recurso de los opositores es exigir más democracia. Ello ha llevado a que la derecha abra generosamente sus medios a las opiniones de izquierda, y en la lógica de la actual situación los avances realizados impulsan la demanda de más amplias conquistas. Así pasa con los derechos humanos, que hoy son reclamados hasta por los ex torturadores.
Pero espere un poco, le digo al abogado José Miguel Onaindia, que escribió aquella nota. Todavía no hemos supliciado a nadie, y los partidarios de la historia liberal, de la historia social y de la historia que-no-se-mete-en-honduras se han estado expresando profusamente y con toda libertad por los más diversos medios. Usted debería saber que para poder acudir a la Comisión Interamericana hace falta invocar una privación de derechos en concreto. Usted debería saber que la libertad de investigación que garantiza la Convención Americana requiere que exista un equilibrio en el sostén estatal de diversas instituciones dedicadas al estudio de la historia. Usted debería leer mejor el decreto que objeta y los instrumentos de creación de los demás institutos preexistentes en nuestro país. Si no fuera porque temo ofender su libertad de pensamiento, yo le recomendaría escribir menos y estudiar más.
* Historiador, miembro del Instituto Nacional Manuel Dorrego.
viernes, 20 de enero de 2012
La palabra de la niña
Por Adriana Puiggrós *
Once años. ¡Once años! ¿Recordarán las personas que intervinieron en la vida de esta niña sus sentimientos, sus pensamientos de cuando tenían once años? ¿Jugaban a las muñecas, a las bolitas, tomaban la Primera Comunión? Fueran de la religión o creencia que fueran, ¿no les enseñaban acaso que un niño/a no es lo mismo que un adulto/a? Muchos sintieron la palmada del adulto/a, o el “callate la boca”, en ocasiones injusto, sólo ejercicio de la fuerza sobre la/el niña/o indefensa/o. Seguramente vieron –aunque quizás no quisieron saber– que en su entorno había adultos/as que acosaban niñas/os, tal vez los acosaron a ellos también, tal vez los azotaban siguiendo la colonial costumbre. Pero avanzó el siglo XX y fue llamado el “siglo de los niños” porque la humanidad reconoció que los niños (y también las niñas) tienen cuerpo, pensamiento, palabra, incluso derecho a la palabra y lo plasmó en la legislación internacional.
No obstante, cierta infancia sigue siendo la condición más sometida, desconocida como sujeto, manipulada, acallada. Especialmente si se trata de mujeres. En esa situación se encuentra la pequeña de once años que dijo “quiero ser como era antes”. En esas palabras expresó que su cuerpo y sus sentimientos son de niña y pidió que se cumpliera con su derecho a un aborto que no es punible. Supo decir su voluntad contra quienes, además del violador (de quien debe ocuparse la Justicia), se apropiaron de su cuerpo, de su niñez, de su vida futura.
Esta no es solamente la discusión sobre la despenalización del aborto (práctica que numerosos sectores religiosos, sociales y políticos consideramos necesario legalizar). Se trata (además) de los más elementales derechos de la infancia, de las mujeres e incluso de la familia, el derecho a no ser acosados por fuera de la letra de la ley, ni sometidos a la imposición de valores por parte de quienes tienen más poder social, cultural o institucional. Porque, es dable preguntarse ¿se buscará que progrese el embarazo de una niña de once años para luego hacer desaparecer la identidad de otro niño, sugiriendo ahora que entregue al bebé en adopción para luego cambiarle el nombre y el apellido? Preocupa, porque ese sería el próximo paso lógico a darse por parte de quienes detentan todavía la conservadora concepción del antiguo Patronato de Menores, esa institución de la beneficencia que fue afortunadamente suprimida por la Ley 26.061, de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes.
* Presidenta del Partido Frente Grande (FG) en el Frente para la Victoria (FpV).
viernes, 6 de enero de 2012
jueves, 5 de enero de 2012
sábado, 31 de diciembre de 2011
La base fundamental del peronismo es la humildad
Por Juan Carlos Dante Gullo*
El peronismo es sinónimo de juventud y nos sigue apasionando como identidad, como vigencia de un paradigma que determina una cultura nacional, popular, de liberación, revolucionaria y transformadora.
Hace pocos días, la Presidenta convocó a los presidentes del mundo, a los gobiernos y a todos los hombres y mujeres, a volver a lo que significan los países con inclusión, que brinden igualdad de oportunidades. Ella habla de humanizar el capitalismo y generar oportunidades para todos. Y el peronismo es una doctrina profundamente humanista y cristiana. Esto está definido en una de nuestras 20 Verdades. Yo creo que con Néstor y con Cristina volvemos a encontrar una realidad que nos permite a muchos saber que nuestras raíces son muy sólidas, son muy profundas, pero también que nuestro tronco es muy sabio y que hay un follaje que no tiene límites, ni acá ni en el mundo.
Hay una vigencia tremenda del peronismo
La crisis que viven grandes países en Europa o Estados Unidos pone patas para arriba muchas de las ideas que nos habían volcado en las últimas décadas. En esta situación, hay una vigencia tremenda del peronismo y no me refiero solamente a la Argentina o a la región: hoy muchos analistas políticos, periodistas, incluso en foros académicos donde hace pocos años se planteaba que el peronismo era algo inentendible, le prestan atención, lo analizan y genera debates.
Políticas integrales
La participación de Néstor y Cristina en una realidad política como la Argentina -que tiene hoy mucho margen de maniobra, muchas cosas para mostrar, para difundir, muchas cosas para defender-, le da al peronismo una calidad y una importancia que muchos hombres y mujeres del mundo, presidentes, presidentas, dirigencias políticas, empresariales, sociales, hombres de la cultura, están buscando el por qué de esto. Yo creo que cuando Obama se reunió con Cristina la habrá mirado buscando a Kirchner, a Perón, a Evita, tratando de develar este misterio que significa una realidad política que tiene respuestas integrales para la Argentina, para la región y para el mundo.
El peronismo es sencillo
Pero el peronismo se explica con pocas palabras, es sencillo. Como bien explicaron nuestros prohombres Perón y Evita, se dio en una coyuntura donde un conductor contó con el pueblo que se movilizó y con un bagaje doctrinario y filosófico para llevarlo adelante –como decía Evita: esa masa, que organizada, es pueblo. El peronismo se entiende fácil, como Perón lo decía en ese discurso brillante en el Congreso de Filosofía, en Mendoza, que fue lo que hoy conocemos como La Comunidad Organizada. En dos palabras se define todo lo que está encerrado en el universo integral del peronismo, esas dos palabras son Tercera Posición. No hay más misterio. A través de esa Tercera Posición se definen políticas profundas, de fondo, políticas de soberanía. Es una cosa sencilla pero que determina una gran profundidad.
Tercera Posición
No fue fácil definir estas políticas en el 45. Ese año no solo tuvimos nuestro 17 de Octubre, sino que además finalizó la Guerra Mundial. Había un esquema de pensamiento muy rígido y una forma de concebir el mundo y las relaciones entre los pueblos y las naciones, que también era muy esquemático y rígido, que no dejaba a nadie libertad de acción. Es decir, se sale de la Segunda Guerra con un acuerdo de las potencias ganadoras donde el mundo se divide con una zona bajo la influencia de Estados Unidos y otra para la URSS. Y el resto de los países estaba supeditado. Y Perón dijo: no. Y ahí levantó la Tercera Posición a nivel internacional.
Una gran revolución
El peronismo fue una gran movilización y un gran cambio: el 17 de Octubre, como lo explica Evita, significa una gran revolución. Hay que leer La Comunidad Organizada, el Proyecto Nacional del 74, La Conducción Política. Hay piezas que fueron subestimadas porque hubo una intelligentzia -sigue habiendo ahora más en minoría-, que subestimó al peronismo como formador de pensamiento, de conciencia, de elaboración doctrinaria. Creyeron que era un elemento coyuntural y que eliminado el factótum, en este caso Perón, se olvidaban.
La Comunidad Organizada
No entienden que cuando los pueblos organizados toman conciencia, y si además lo hacen sobre la base de pensamientos que son muy sólidos, son invencibles. Si uno conoce y practica el abc del peronismo, jamás se le hubiese ocurrido decir relaciones carnales con Norteamérica, eso ya no es peronismo. Se confunde el que quiere, es muy fácil el peronismo. Cuando se llevan a la práctica políticas neoliberales que ponen la economía en función de los mercados y en contra de los pueblos, eso no es peronismo. No puede haber confusión en esto.
El peronismo es simple y a la vez muy profundo, porque las ideas son producto de la movilización de los pueblos, de devenires históricos que coadyuvan figuras fuertes como las de Perón o Evita, o Néstor, ahora ahí arriba, y Cristina, que nos resulta la mejor síntesis con lo que hoy sucede.
Perón, Evita, Néstor y Cristina
Nuestra historia es muy hacedora, con belleza y épica, con una entrega y una resistencia incomparable. Este movimiento es dinámico, transformador, estéticamente bonito y culturalmente no tiene techo, fronteras. Es tan rico que no hay precedentes en la historia de un movimiento que en 1945 haya generado una conducción como la del General Perón; que, a su vez, dé una figura trascendente que hoy es patrimonio histórico, cultural y social de la Argentina, la región y del mundo, como Evita. Y cuando todo estaba como para ser firmado por las minorías, las elites, o las oligarquías, para darnos el certificado de defunción, aparece Néstor. Y cuando todos decían: bueno, que esto termine, son un par de años y hasta luego, Cristina es la continuidad. No sé si hay antecedentes de muchos movimientos que en tan poco tiempo hayan dado figuras tan fuertes.
Somos una parte muy fuerte de la historia
Nuestra patria celebra el Bicentenario, 200 años de historia. Y nuestro movimiento, el peronismo, ya lleva casi una tercera parte, 70 años. Somos una parte muy fuerte de esta historia. Al mismo tiempo, el peronismo es joven, yo me siento joven, y estos compañeros de hoy de doce, quince, veinte, veintipico de años, que están militando con esta capacidad, con esta inteligencia, con este nivel de definiciones, en apenas 30 años van a ser hombres jóvenes y van a ser ellos los que gobiernen la Argentina, dándole con toda la fuerza al Centenario del Peronismo, con vigencia en nuestra nación y en nuestra Patria Grande. Y quizás como un paradigma generador de ideas y de posibilidades para amplias franjas de la humanidad.
Ahora más que nunca, después del triunfo de octubre, no hay que bajar los brazos, no hay que dormirse en los laureles, ahora se ven los pingos en la cancha. Ahora hay que trabajar más, militar más, con más responsabilidad, para ir por todo: para que no quede un solo pobre en nuestro país. Nuestro proyecto se hace con el pueblo, por eso Cristina gobierna para los 40 millones de argentinos y argentinas y, además, convoca a la unidad nacional. Pero esto tenemos que hacerlo, como decían Evita y Perón, con la base fundamental del peronismo: la humildad.
* Diputado porteño, designado Vicepresidente 2º de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
martes, 20 de diciembre de 2011
Iván no te vamos a olvidar
¡Hasta la Victoria Siempre!
Iván donde estés con una lágrima te saludo. No sé qué te pasó y no se si quiero saberlo. Solo te imagino la sonrisa acariciadora, las palabras gentiles y tu cercanía compañera como siempre. Te recuerdo en el Consejo de Económicas burlándote de los garcas de la Franja, cantando encolumnado en una Marcha de la Resistencia, bailoteando escabio en mi casamiento, en la tele y arengando a La Cámpora al frente. Economista militante, peronista que no le teme a la zurda y judío nacionalista popular. La puta que lo pario, ¡sí que te vamos a extrañar! espero que esos abrazos altísimos que te dábamos de punta de pie te los hallas llevado para el viaje para que no nos olvides y te hagan acordar que acá te estamos esperando en la próxima peña del Ateneo Cooke. Venite hermano y tráelo a Néstor también, nos vemos acá.
sábado, 19 de noviembre de 2011
¿Qué es un militante?
Por José Pablo Feinmann
El 17 de noviembre de 2011
Un militante cree en la solidaridad social. No es un "individuo" en el pobre sentido que del individuo tiene el liberalismo burgués. Sabe que su individualidad se realiza en el grupo. Su incorporación al trabajo, a la producción, a su grupo de pertenencia, a su clase social, lo incorpora a la solidaridad, al compañerismo, a la amistad sincera. Para decirlo claro: lo humaniza. Un militante es un ser en constante proceso de humanización. Su militancia lo hará mejor padre, mejor hombre de su mujer, mejor amigo de sus amigos. Sabe que habita este mundo para luchar junto a los demás, no para usarlos.
El militante respeta el trabajo. No porque sea un sometido, sino, porque sabe que en el trabajo está su poder, su organizatividad y el sentido final de su militancia: la justicia social. Y también porque sabe que por fuera del trabajo, no sólo está la miseria económica, sino la otra: la social y la humana. La que hará de él un apartado, un egoísta, un resentido y hasta un delincuente.
El militante, cree en una verdad que lo trasciende y da sentido a su vida.
Esta verdad es su ideología, la ideología que comparte con sus compañeros y expresa su lucidez.
La ideología que hace de él un sujeto y no un objeto de la historia.
La ha amasado, a esta ideología, durante años, la ha padecido, la ha cuestionado, la ha asumido cotidianamente. Porque cotidianamente intentan quitársela, se la oscurecen y deforman desde las pantallas de la TV o desde las radios. Aparecen allí, frente a él, en su hogar, hombres cultivados, con buenos modales, racionales hasta el asombro y vértigo, implacables, que le dicen que no, que está equivocado, que todo está bien, o que todo está mal, pero que, en todo caso, nada está como él cree.
¿Cómo lucha contra toda esa insidiosa verborragia? Hablando con sus compañeros. Buscando la verdad donde está: en el grupo. Porque cuando los militantes son esto, militantes, y están unidos por sus intereses comunes, la verdad es una tenaz corriente eléctrica que los recorre y los une aniquilando el discurso del enemigo.
Porque es cierto (según postula un diabólico axioma del pensamiento autoritario) que mil repeticiones hacen una verdad. Pero no es menos cierto que mil repeticiones pueden también aburrir, transformarse en un sonido apenas desagradable y persistente. En suma inaudible.
El militante es un hombre que tiene una razón para vivir. Y más también. Cierta vez dijo Camas " Una razón para vivir es una razón para morir”. El militante, en efecto, puede llegar a morir por su causa. Pero en Argentina - hoy a esta altura de nuestra experiencia y de nuestro dolor- habrá que afirmar tenazmente que el momento más alto de realización de un militante es su vida (cualquiera de los infinitos actos en que su militancia lo ha comprometido) y no su muerte.
La deshumanización acecha también al militante. Puede transformar su ideología en dogma, en obstinación y autoritarismo. Puede creerse más heroico. Puede confundir el desprecio por la vida con el coraje. Puede enajenarse en su lucha. Puede olvidar las pequeñas cosas en nombre de los grandes ideales. Puede olvidar que los grandes ideales se persiguen y se conquistan para posibilitar las pequeñas cosas. Puede llegar a considerarse sólo el eficaz cuadro de una organización. Y hasta puede llegar al extravío de exigir también eso de los demás.
Puede llegar a realizar esta frase de Brecht: " Nosotros que nos unimos para luchar por la amistad entre los hombres, no supimos ser amigos”.
El viejo problema de los medios y los fines se agitan detrás de éstas ideas.
Pero si la militancia ha de servir para humanizar al militante, los fines deberán estar presentes en todos los medios. Porque el militante está vivo hoy, y es hoy, en cada uno de los actos que realiza para conquistar una sociedad más justa, donde están enteramente en juego su humanización o su envilecimiento.
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